Voy a contar una experiencia personal. Es la primera vez que escribo algo así, no seáis muy duros. 
Conocí a una chica en un estadio de fútbol, donde coincidíamos en todos los partidos porque éramos abonados y teníamos los asientos juntos. Ella venía con el novio, y lo que al principio era una mirada, un roce, pronto se convirtió en risas y abrazos celebrando los goles.
Aquel día llegó sola. Ese día, celebrando un gol, nos giramos al mismo tiempo… y el beso ocurrió como si llevara meses esperando su momento. En el descanso, entre el ruido y la prisa, nos perdimos en el baño. El espacio era pequeño, el tiempo escaso, pero la tensión acumulada lo llenaba todo. Fue rápido, pero tan intenso que el mundo pareció pararse durante unos instantes.
Luego regresamos a nuestros asientos, con el corazón aún acelerado y una complicidad nueva brillando en los ojos.
Conocí a una chica en un estadio de fútbol, donde coincidíamos en todos los partidos porque éramos abonados y teníamos los asientos juntos. Ella venía con el novio, y lo que al principio era una mirada, un roce, pronto se convirtió en risas y abrazos celebrando los goles.
Aquel día llegó sola. Ese día, celebrando un gol, nos giramos al mismo tiempo… y el beso ocurrió como si llevara meses esperando su momento. En el descanso, entre el ruido y la prisa, nos perdimos en el baño. El espacio era pequeño, el tiempo escaso, pero la tensión acumulada lo llenaba todo. Fue rápido, pero tan intenso que el mundo pareció pararse durante unos instantes.
Luego regresamos a nuestros asientos, con el corazón aún acelerado y una complicidad nueva brillando en los ojos.
