Parque veas

  • Iniciador del tema Iniciador del tema Mustang
  • Fecha de inicio Fecha de inicio
M

Mustang

Exmiembro
En un parque de la ciudad, donde el asfalto empieza a ceder terreno a los árboles, Marcos recorre haciendo footing su ruta habitual al caer la tarde.
Entre los bancos y la hierba, la ve por primera vez: Elena trabajando con su portátil, descalza sobre el césped, como si hubiera convertido el parque en su oficina improvisada. Auriculares puestos, mirada concentrada, una mezcla extraña de mundo digital y naturaleza a su alrededor.
Él pasa de largo… pero algo le hace frenar el ritmo.
Hasta que, en uno de esos descansos inevitables del cuerpo, se detiene cerca. Ella levanta la vista justo en ese momento. Un cruce breve, casual… pero con una chispa difícil de ignorar.
—¿Siempre trabajas aquí? —pregunta él, con una sonrisa todavía marcada por la respiración.
—Cuando el mundo me pesa demasiado —responde ella—. Aquí al menos no me interrumpe nadie… salvo los corredores curiosos.
Elena dejó que el portátil resbalara hacia un lado, su mirada ahora fija en la entrepierna de Marcos, que estaba a la altura de sus ojos. A esa distancia, la tensión de la licra era casi violenta. Pudo distinguir la forma precisa de su glande presionando contra la tela, su longitud y su grosor, redondeada y firme, y la extensión de su miembro que bajaba por su muslo izquierdo, palpitando con un hambre propia, Se fijó en sus cuádriceps, dos columnas de músculo puro que se separaban y tensaban con cada movimiento, marcando venas que recorrían su piel como ríos de adrenalina que hacían que Elena sintiera un latigazo de humedad entre sus propias piernas.
—Esa mirada tuya me está dando más problemas que una subida de un 8% —soltó Marcos pasándose una mano por el pelo mojado, salpicando unas gotas que aterrizaron sobre el teclado de Elena.
—Cuidado, runner — replicó ella, deslizando un dedo por el aluminio del portátil sin apartar la vista de su entrepierna, donde la licra no dejaba absolutamente nada a la imaginación—. El equipo es delicado. Y mi paciencia, también.

con una sonrisa ronca y depredadora, notando cómo los pezones de Elena se marcaban con fuerza bajo su blusa de seda se arrodilló entre las piernas de ella, obligándola a abrir ligeramente su postura, el olor a ozono, sudor limpio y feromonas inundó el espacio de Elena.

—He visto cómo me miras cada vez que paso.
—Marcos bajó la voz, llevando sus manos a los muslos de Elena. ¿Por qué no dejas de teletrabajar y pasamos a la acción de campo?
Tengo un trabajo muy estricto —susurró ella, aunque su respiración ya se había quebrado cuando sintió los dedos de él subir por el borde de su falda.
Sin previo aviso, Marcos la tomó por la cintura la cogió en bolandas y la sentó sobre el merendero de madera del parque, apartando el portátil de un manotazo. Elena se abrió de piernas instintivamente, permitiendo que él se encajase en el hueco de su intimidad. A través de la fina tela de su falda, Elena sintió la dureza de su miembro, una vara de fuego que palpitaba contra ella con cada latido de su corazón
Marcos agarró las manos de Elena y las llevó directamente a su entrepierna.
—Toca, Elena. Siente lo que me provocas cada vez que paso por aquí y te veo lamerte los labios.
Elena no necesitó que se lo dijeran dos veces. Sus dedos envolvieron la longitud que se adivinaba bajo la licra, apretando con una excitación que hizo que Marcos soltara un gruñido. La tela estaba empapada, no solo de sudor, sino de una tensión sexual que amenazaba con estallar. Ella buscó el borde del pantalón, metiendo la mano para sentir el tacto ardiente de su piel desnuda. Estaba durísimo, palpitaba de tal forma que pedía a gritos ser liberada.
—Dios, Marcos... estás... —Elena no pudo terminar la frase.
—¿Te gusta lo que ves, Elena? —preguntó él, bajando la voz hasta un susurro que vibró directamente en el clítoris de ella—. Porque te juro que llevo tres kilómetros imaginando cómo se siente tu boca alrededor de esto.
—Dios... —exhaló ella, sintiendo cómo su propia humedad empapaba su lencería—. Estás... a punto de estallar.
Marcos no respondió con palabras. Con un movimiento rápido y potente, la agarró y la sentó sobre el banco de madera, apartando sus piernas con una autoridad que la dejó completamente expuesta. Él se puso frente a ellas, y con un tirón seco, bajó su pantalón de running.
Él soltó un jadeo roto cuando Elena lo tomó por completo. Su boca, cálida y húmeda, se convirtió en el refugio perfecto para esa dureza implacable. Ella succionó con fuerza, usando la lengua para juguetear con su polla mientras sus manos bajaban hacia los testículos de Marcos, pesados y firmes, acariciándolos con una delicadeza que contrastaba con la voracidad de su boca.
—Joder, Elena… —exhaló él, echando la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados, Tienes una boca… prodigiosa.
. Elena envolvió la cintura de Marcos con sus piernas, sintiendo el roce abrasador de su erección contra su coñito, separada solo por un trozo de encaje que ya estorbaba.soltó un jadeo al sentir el tacto de la piel desnuda y ardiente de él contra su muslo. Él no fue sutil; deslizó la punta de su glande, humedecida por el líquido preseminal, por toda su mojada rajita desde el ano hasta el clítoris, en un recorrido lento y tortuoso que la hizo suplicar.
—Por favor, Marcos... ahora —gimió ella, arqueando la espalda, buscando esa plenitud que solo él podía darle.

Él la penetró de golpe, una embestida profunda que llenó a Elena hasta el fondo de su coño, Ella soltó un grito que Marcos devoró con un beso hambriento, su lengua moviéndose con el mismo ritmo frenético que su cadera, Elena sentía el sudor de Marcos goteando sobre su pecho, mezclándose con el suyo, mientras el sonido de sus cuerpos chocando rítmicamente
Mírame, Elena —ordenó él, con los ojos inyectados de deseo—. Mira cómo te follo, esto es lo que tú querías eh !!!!

Elena bajó la vista y vio la unión de sus cuerpos: la polla de Marcos entrando y saliendo de ella, desapareciendo por completo en su interior y volviendo a salir bañada en sus jugos, mientras su vello púbico rozaba su clítoris hipersensible en cada embestida. El placer fue tan agudo, tan total, que Elena sintió que sus músculos vaginales se contraían en espasmos violentos, culminando en un éxtasis delicioso de placer.

Marcos rugió al sentir las contracciones de ella abrazando su polla. Aumentó el ritmo, convirtiendo sus caderas en un pistón imparable. En un estallido de calor blanco, él se hundió hasta el fondo por última vez, vaciándose dentro de ella con chorros calientes que Elena sintió golpear en su húmedo coñito, mientras ambos colapsaban en un abrazo sudoroso, unidos por el orgasmo más salvaje que el parque jamás hubiera presenciado.

Fin.
 
Sala MundoSwinger
Reglas Ayuda Usuarios
*Telegram y redes sociales solo por privado* Normas y mensajes privados aquí.
      J @ jose1994: hola buenas tarde Till Lindemann
      Atrás
      Arriba Pie