Esta experiencia no da para relato ni para paja. Trata sobre una experiencia real de la que fui testigo, de cómo ellas tienen la sartén por el mango en nuestras relaciones y cuán sumiso puede ser un hombre a las órdenes de ella.
Hace unos 15 años dejé una de mis aficiones, la fotografía de moda, tenía un hijo recién nacido, el trabajo, los celos de mi ex pareja, y la competencia feroz por hacerse un hueco en un mundo donde las personas dejaban mucho que desear.
Lo dejé tras unas cuarenta sesiones de las cuales unas cinco fueron desnudos a petición de ellas. Una de ellas era Amanda.
No recuerdo cómo conocí a Amanda, si me contactó ella o fui yo el que por su belleza le ofreció una sesión de fotos gratuita con las que yo también aprendía.
Amanda era española de familia andaluza, trabajaba limpiando una residencia de ancianos, y por extraño que parezca fue la única sesión que hice en la propia casa de la modelo.
Amanda era una chica espectacular, preciosa de cara, rubia, rasgos suaves, y un cuerpo precioso con unas tetas increíbles, acompañado de unas preciosas piernas y uno de los culos más deseables que recuerde. Pero era joven, y lucía un tatuaje en el vientre que estropeaba el conjunto… ¿Quién le pone pegatinas a un Ferrari? Ese tatuaje es una de las razones por las que no pondré fotos de Amanda en este hilo, la otra es que ni siquiera sé si conservo esas fotos.
Amanda nos recibió en casa ya ligerita de ropa, la sesión acordada era de lencería, conocía su cuerpo y quería mostrar sus aptitudes. Me acompañaba mi primo Amancio (falso, es el primer nombre que se me ha venido a la cabeza). Y con ella estaba su novio Eustaquio (falso también).
Eustaquio era un chico agradable, simpático y atento.
Empezamos la sesión en la habitación de Amanda y Eustaquio, yo le indicaba a Amanda las poses que podía tomar, ella lo hacía de maravilla, seguramente ya había estudiado decenas de poses en las cuales ofrecer lo más bello de su cuerpo. A Amancio se le notaba en la cara que estaba disfrutando la sesión, a él le gustaba eso, mi exquisito gusto a la hora de seleccionar a mis modelos, y si además era una sesión en lencería…
No cabíamos en la habitación, Eustaquio iba y venía, se notaba que no quería estorbar pero tampoco alejarse demasiado.
Según avanzaba la sesión Eustaquio se mostraba más intranquilo. Y no, no era por la sesión, tanto Amancio como yo éramos todo unos “profesionales” y tratábamos de no cruzar ninguna línea, quizás era por la actitud de ella, por sus miradas, por su comportamiento, por su entrega…
—Vete si tienes que irte. —dijo Amanda dirigiéndose a Eustaquio.
—No, me espero un poco que también quiero ver cómo va la sesión. —contestó él.
—Vamos a tardar un buen rato más, vete. —insistió Amanda.
Eustaquio no sabía dónde meterse, se le notaba nervioso y buscando cualquier excusa, cualquier motivo para alargar la estancia en su propia casa. Tal vez no confiaba del todo en su pareja. ¿Dejarla sola en casa con un fotógrafo y su ayudante? ¿Has visto como la miran? No pueden negar que lo hacen con deseo y que se la follarían si ella lo pidiese…
Amanda insistió minutos después…
—Coge la bolsa y vete, ya verás las fotos cuando Till me las envíe. No pierdas gimnasio por mi…
Le acompaño a la puerta y casi lo sacó a empujones. Eustaquio se esforzaba en aparentar normalidad e intentaba esbozar una sonrisa ante la situación, pero yo notaba lo violento del momento, no pude evitar sentirme incómodo al ver como sacaba a Eustaquio de su propia casa y yo me quedaba. Y si, podía haber dicho que ya tenía fotos suficientes y que nosotros también nos íbamos, pero a uno le mueve el vicio, el morbo, y quería ver que había detrás de esa insistencia.
No pasaron ni cinco minutos desde la marcha de Eustaquio que nos invitó a tomar unos refrescos en su cocina, y nos pidió lo deseado por los tres, quería fotos desnuda.
Se levantó dejando caer al suelo el albornoz blanco que se había puesto y a continuación se quitó el sujetador y el tanga.
No supimos articular palabra, en ese momento millones de neuronas daban orden a nuestro cerebro de bombear sangre con destino a nuestras pollas.
La seguimos por el pasillo hasta el baño donde le hicimos otra serie de fotos mientras llenaba la bañera, quería fotos tomándose un baño y jugando con la espuma.
Finalizada la sesión, con ella desnuda en la bañera, no recuerdo cómo surgió la conversación, pero nos confesó que no quería a su novio, pero que la trataba muy bien y tenía dinero, el piso pagado, etc…
Ese mismo día le envío una solicitud de amistad a mi primo, un chico joven y fuerte, como su novio, pero él… la quería tanto que era sumiso cuando tocaba ser sumiso. Ella le había moldeado de una forma de la que ni siquiera a ella le atraía.
No hace falta decir que al final mi primo se la folló bien follada.
La última vez que supe de Amanda es cuando me pidió ser el fotógrafo de su boda. Me insistió mucho pero yo ya estaba retirado.
¿Recuerdas cuando en una conversación un poco subida de tono te comenté que hubiese deseado tocarte esas tetas increíbles?
Hasta siempre Amanda
Hace unos 15 años dejé una de mis aficiones, la fotografía de moda, tenía un hijo recién nacido, el trabajo, los celos de mi ex pareja, y la competencia feroz por hacerse un hueco en un mundo donde las personas dejaban mucho que desear.
Lo dejé tras unas cuarenta sesiones de las cuales unas cinco fueron desnudos a petición de ellas. Una de ellas era Amanda.
No recuerdo cómo conocí a Amanda, si me contactó ella o fui yo el que por su belleza le ofreció una sesión de fotos gratuita con las que yo también aprendía.
Amanda era española de familia andaluza, trabajaba limpiando una residencia de ancianos, y por extraño que parezca fue la única sesión que hice en la propia casa de la modelo.
Amanda era una chica espectacular, preciosa de cara, rubia, rasgos suaves, y un cuerpo precioso con unas tetas increíbles, acompañado de unas preciosas piernas y uno de los culos más deseables que recuerde. Pero era joven, y lucía un tatuaje en el vientre que estropeaba el conjunto… ¿Quién le pone pegatinas a un Ferrari? Ese tatuaje es una de las razones por las que no pondré fotos de Amanda en este hilo, la otra es que ni siquiera sé si conservo esas fotos.
Amanda nos recibió en casa ya ligerita de ropa, la sesión acordada era de lencería, conocía su cuerpo y quería mostrar sus aptitudes. Me acompañaba mi primo Amancio (falso, es el primer nombre que se me ha venido a la cabeza). Y con ella estaba su novio Eustaquio (falso también).
Eustaquio era un chico agradable, simpático y atento.
Empezamos la sesión en la habitación de Amanda y Eustaquio, yo le indicaba a Amanda las poses que podía tomar, ella lo hacía de maravilla, seguramente ya había estudiado decenas de poses en las cuales ofrecer lo más bello de su cuerpo. A Amancio se le notaba en la cara que estaba disfrutando la sesión, a él le gustaba eso, mi exquisito gusto a la hora de seleccionar a mis modelos, y si además era una sesión en lencería…
No cabíamos en la habitación, Eustaquio iba y venía, se notaba que no quería estorbar pero tampoco alejarse demasiado.
Según avanzaba la sesión Eustaquio se mostraba más intranquilo. Y no, no era por la sesión, tanto Amancio como yo éramos todo unos “profesionales” y tratábamos de no cruzar ninguna línea, quizás era por la actitud de ella, por sus miradas, por su comportamiento, por su entrega…
—Vete si tienes que irte. —dijo Amanda dirigiéndose a Eustaquio.
—No, me espero un poco que también quiero ver cómo va la sesión. —contestó él.
—Vamos a tardar un buen rato más, vete. —insistió Amanda.
Eustaquio no sabía dónde meterse, se le notaba nervioso y buscando cualquier excusa, cualquier motivo para alargar la estancia en su propia casa. Tal vez no confiaba del todo en su pareja. ¿Dejarla sola en casa con un fotógrafo y su ayudante? ¿Has visto como la miran? No pueden negar que lo hacen con deseo y que se la follarían si ella lo pidiese…
Amanda insistió minutos después…
—Coge la bolsa y vete, ya verás las fotos cuando Till me las envíe. No pierdas gimnasio por mi…
Le acompaño a la puerta y casi lo sacó a empujones. Eustaquio se esforzaba en aparentar normalidad e intentaba esbozar una sonrisa ante la situación, pero yo notaba lo violento del momento, no pude evitar sentirme incómodo al ver como sacaba a Eustaquio de su propia casa y yo me quedaba. Y si, podía haber dicho que ya tenía fotos suficientes y que nosotros también nos íbamos, pero a uno le mueve el vicio, el morbo, y quería ver que había detrás de esa insistencia.
No pasaron ni cinco minutos desde la marcha de Eustaquio que nos invitó a tomar unos refrescos en su cocina, y nos pidió lo deseado por los tres, quería fotos desnuda.
Se levantó dejando caer al suelo el albornoz blanco que se había puesto y a continuación se quitó el sujetador y el tanga.
No supimos articular palabra, en ese momento millones de neuronas daban orden a nuestro cerebro de bombear sangre con destino a nuestras pollas.
La seguimos por el pasillo hasta el baño donde le hicimos otra serie de fotos mientras llenaba la bañera, quería fotos tomándose un baño y jugando con la espuma.
Finalizada la sesión, con ella desnuda en la bañera, no recuerdo cómo surgió la conversación, pero nos confesó que no quería a su novio, pero que la trataba muy bien y tenía dinero, el piso pagado, etc…
Ese mismo día le envío una solicitud de amistad a mi primo, un chico joven y fuerte, como su novio, pero él… la quería tanto que era sumiso cuando tocaba ser sumiso. Ella le había moldeado de una forma de la que ni siquiera a ella le atraía.
No hace falta decir que al final mi primo se la folló bien follada.
La última vez que supe de Amanda es cuando me pidió ser el fotógrafo de su boda. Me insistió mucho pero yo ya estaba retirado.
¿Recuerdas cuando en una conversación un poco subida de tono te comenté que hubiese deseado tocarte esas tetas increíbles?
Hasta siempre Amanda