Está historia es totalmente real, me paso hace un par de años ya.
Era un mediodía de noviembre en Málaga, sobre las 13:00. El sol de otoño caía suave sobre la ciudad, ni frío ni calor, una temperatura perfecta. Caminaba tranquilo cuando vi a esa chica parada en la acera, mirando a su alrededor con cara de despiste. Tenía un cuerpo delgado pero con buenas curvas. Llevaba una sudadera gris abierta que dejaba ver un top blanco ajustado con un escote generoso, por donde asomaban unos pechos grandes operados, firmes y redondos. Su pelo negro liso le caía por los hombros, tenía unos ojos negros profundos y cautivadores, labios carnosos y una cara angelical, de las que parecen nunca haber roto un solo plato.
Le pregunte si estaba perdida y me preguntó dónde había un estudio para hacerse unas fotos para el DNI. Le sonreí y le contesté:
—No hace falta que gastes dinero en un estudio. Ven, te llevo a un fotomatón aquí cerca. Vas a salir guapísima igual.
Ahí su cara cambio por completo, dejo de ser esa chica angelical sus ojos brillaron con una mezcla de sorpresa y excitación. Hablamos durante unos quince minutos mientras íbamos de camino al fotomatón. Le conté que me gustaba la fotografía, mi trabajo que consiste literalmente en cobrar mucho, trabajar poco y viajar mucho. Ella se mostraba cada vez más coqueta, mordiéndose el labio y mirándome fijamente. La tensión sexual entre nosotros era palpable.
Llegamos al fotomatón. Era uno pequeño, clásico, con cortinilla negra.
Me dijo que entrara que le tengo que ayudar a posar.
—Es muy estrecho… —le advertí.
—No hay problema, mejor —respondió ella con voz muy suave y aguda.
Nada más entrar cerré la cortinilla. El espacio era tan reducido que apenas podíamos movernos. Me coloqué detrás de ella frente al espejo. Y ella se pegó su culo rozaba mi entrepierna, al mínimo roce ya estaba empalmado que iba a reventar el pantalón. Le levanté la barbilla con dos dedos y le susurré:
—Mentón un poco hacia arriba…
Ella levantó la cara, y por acto reflejo abrió su boca y sacó la lengua. No se por que, pero como si la conociera de toda la vida le escupí dentro, y vi cómo tragaba con placer. La besé con fuerza, un beso húmedo, sucio y apasionado. Nuestras lenguas se enredaron mientras mis manos le apretaban las tetas por encima de la ropa. Metí la mano dentro de su top, pellizcando sus pezones duros y noté que tenía pircings en los dos pezones. Ella gemía en mi boca.
De repente bajó la mano, me tocó la polla por encima del pantalón y se arrodilló. Me desabrochó los pantalones color crema, bajo los calzoncillos Tommy Hilfiger y la sacó, dura, gruesa y con mucho liquido preseminal, no se por que pero segrego mucho liquido preseminal.
—Me encanta… es grande —susurró .
Empezó a masturbarme con las dos manos y luego se la metió en la boca. Su boca era increíblemente suave y caliente. Pero lo que más me volvió loco fue cuando bajó un poco más y empezó a chuparme los huevos con auténtica devoción, como si fueran una bola de helado derritiéndose. Los lamía lentamente, los succionaba, los metía uno a uno en su boca caliente mientras su mano subía y bajaba por mi polla.
Le agarré el pelo negro con fuerza y la subí de nuevo hasta mi polla.
—Así… chúpamela —le ordené.
Ahora era yo quien marcaba el ritmo. Con la mano en su pelo, la guiaba arriba y abajo, follándole la boca a mi manera. Ella tenía una habilidad impresionante con la garganta. Se la tragaba profunda, muy profunda. Empecé a follarle la garganta más fuerte, empujando mis caderas contra su cara. En una de las embestidas le vino una pequeña arcada, pero ni siquiera así paró. Al contrario, sacó mucha saliva, me miró con los ojos llorosos, tomó aire y, agarrándome del culo con las dos manos, se la metió entera otra vez con fuerza, intentando tragársela hasta el fondo. Yo la ayudé empujando suavemente su cabeza contra mí. Por un momento se la metió casi completa, con los ojos llenos de lágrimas y saliva chorreando por su barbilla y cayendo sobre sus tetas.
Intenté meter la mano por dentro de su pantalón, quería meterle un par de dedos en el coño, pero en esa posición tan estrecha no me alcanzaba bien. Entonces puse los dedos en la entrada de su culo. Empecé a ejercer presión suave ahí y, de repente, entraron dos dedos como si nada. Le comencé a follar el culo con ellos, entrando y saliendo con ritmo. En vez de quejarse a ella le encantó. Empezó a gemir mucho más fuerte alrededor de mi polla e intentaba tragársela aún más profundo.
Gemía y vibraba, como si estuviera disfrutando tanto o más que yo. El fotomatón olía a jazmín mezclado con saliva y sexo. Afuera pasaba gente, y ese riesgo lo hacía aún más intenso.
Después de casi diez minutos de esa mamada salvaje, no pude aguantar más.
—Me voy a correr… —gruñí.
Ella succionó con más fuerza, mirándome a los ojos. Me corrí violentamente en su boca, soltando chorros espesos y calientes. Ella tragó todo sin que se le escapara nada. Cuando saqué la polla, sacó la lengua orgullosa, enseñándome que se lo había tragado todo.
Le pegue en la mejilla, todavía jadeando.
—Cómo puedes ser tan puta… —le dije excitado.
Ella sonrió con picardía, me guiñó un ojo y le dio un beso suave en la cabeza de mi polla sensible, limpiando los restos con la lengua.
Quise pedirle el Instagram, pero me susurró:
—Mejor que no… tengo novio.
Se arregló la ropa, me dio un último beso y salió del fotomatón, como si nada hubiera pasado. Me quedé allí, con el corazón a mil y esa imagen grabada en mi mente para siempre.

Espero que os haya gustado, tengo muchas más historias reales que contar, si queréis dejarme cualquier consejo o crítica os l9 agradecería, al ser el primero se que podría llegar a redactar mejor así que estoy abierto a todas las críticas.
Era un mediodía de noviembre en Málaga, sobre las 13:00. El sol de otoño caía suave sobre la ciudad, ni frío ni calor, una temperatura perfecta. Caminaba tranquilo cuando vi a esa chica parada en la acera, mirando a su alrededor con cara de despiste. Tenía un cuerpo delgado pero con buenas curvas. Llevaba una sudadera gris abierta que dejaba ver un top blanco ajustado con un escote generoso, por donde asomaban unos pechos grandes operados, firmes y redondos. Su pelo negro liso le caía por los hombros, tenía unos ojos negros profundos y cautivadores, labios carnosos y una cara angelical, de las que parecen nunca haber roto un solo plato.
Le pregunte si estaba perdida y me preguntó dónde había un estudio para hacerse unas fotos para el DNI. Le sonreí y le contesté:
—No hace falta que gastes dinero en un estudio. Ven, te llevo a un fotomatón aquí cerca. Vas a salir guapísima igual.
Ahí su cara cambio por completo, dejo de ser esa chica angelical sus ojos brillaron con una mezcla de sorpresa y excitación. Hablamos durante unos quince minutos mientras íbamos de camino al fotomatón. Le conté que me gustaba la fotografía, mi trabajo que consiste literalmente en cobrar mucho, trabajar poco y viajar mucho. Ella se mostraba cada vez más coqueta, mordiéndose el labio y mirándome fijamente. La tensión sexual entre nosotros era palpable.
Llegamos al fotomatón. Era uno pequeño, clásico, con cortinilla negra.
Me dijo que entrara que le tengo que ayudar a posar.
—Es muy estrecho… —le advertí.
—No hay problema, mejor —respondió ella con voz muy suave y aguda.
Nada más entrar cerré la cortinilla. El espacio era tan reducido que apenas podíamos movernos. Me coloqué detrás de ella frente al espejo. Y ella se pegó su culo rozaba mi entrepierna, al mínimo roce ya estaba empalmado que iba a reventar el pantalón. Le levanté la barbilla con dos dedos y le susurré:
—Mentón un poco hacia arriba…
Ella levantó la cara, y por acto reflejo abrió su boca y sacó la lengua. No se por que, pero como si la conociera de toda la vida le escupí dentro, y vi cómo tragaba con placer. La besé con fuerza, un beso húmedo, sucio y apasionado. Nuestras lenguas se enredaron mientras mis manos le apretaban las tetas por encima de la ropa. Metí la mano dentro de su top, pellizcando sus pezones duros y noté que tenía pircings en los dos pezones. Ella gemía en mi boca.
De repente bajó la mano, me tocó la polla por encima del pantalón y se arrodilló. Me desabrochó los pantalones color crema, bajo los calzoncillos Tommy Hilfiger y la sacó, dura, gruesa y con mucho liquido preseminal, no se por que pero segrego mucho liquido preseminal.
—Me encanta… es grande —susurró .
Empezó a masturbarme con las dos manos y luego se la metió en la boca. Su boca era increíblemente suave y caliente. Pero lo que más me volvió loco fue cuando bajó un poco más y empezó a chuparme los huevos con auténtica devoción, como si fueran una bola de helado derritiéndose. Los lamía lentamente, los succionaba, los metía uno a uno en su boca caliente mientras su mano subía y bajaba por mi polla.
Le agarré el pelo negro con fuerza y la subí de nuevo hasta mi polla.
—Así… chúpamela —le ordené.
Ahora era yo quien marcaba el ritmo. Con la mano en su pelo, la guiaba arriba y abajo, follándole la boca a mi manera. Ella tenía una habilidad impresionante con la garganta. Se la tragaba profunda, muy profunda. Empecé a follarle la garganta más fuerte, empujando mis caderas contra su cara. En una de las embestidas le vino una pequeña arcada, pero ni siquiera así paró. Al contrario, sacó mucha saliva, me miró con los ojos llorosos, tomó aire y, agarrándome del culo con las dos manos, se la metió entera otra vez con fuerza, intentando tragársela hasta el fondo. Yo la ayudé empujando suavemente su cabeza contra mí. Por un momento se la metió casi completa, con los ojos llenos de lágrimas y saliva chorreando por su barbilla y cayendo sobre sus tetas.
Intenté meter la mano por dentro de su pantalón, quería meterle un par de dedos en el coño, pero en esa posición tan estrecha no me alcanzaba bien. Entonces puse los dedos en la entrada de su culo. Empecé a ejercer presión suave ahí y, de repente, entraron dos dedos como si nada. Le comencé a follar el culo con ellos, entrando y saliendo con ritmo. En vez de quejarse a ella le encantó. Empezó a gemir mucho más fuerte alrededor de mi polla e intentaba tragársela aún más profundo.
Gemía y vibraba, como si estuviera disfrutando tanto o más que yo. El fotomatón olía a jazmín mezclado con saliva y sexo. Afuera pasaba gente, y ese riesgo lo hacía aún más intenso.
Después de casi diez minutos de esa mamada salvaje, no pude aguantar más.
—Me voy a correr… —gruñí.
Ella succionó con más fuerza, mirándome a los ojos. Me corrí violentamente en su boca, soltando chorros espesos y calientes. Ella tragó todo sin que se le escapara nada. Cuando saqué la polla, sacó la lengua orgullosa, enseñándome que se lo había tragado todo.
Le pegue en la mejilla, todavía jadeando.
—Cómo puedes ser tan puta… —le dije excitado.
Ella sonrió con picardía, me guiñó un ojo y le dio un beso suave en la cabeza de mi polla sensible, limpiando los restos con la lengua.
Quise pedirle el Instagram, pero me susurró:
—Mejor que no… tengo novio.
Se arregló la ropa, me dio un último beso y salió del fotomatón, como si nada hubiera pasado. Me quedé allí, con el corazón a mil y esa imagen grabada en mi mente para siempre.

Espero que os haya gustado, tengo muchas más historias reales que contar, si queréis dejarme cualquier consejo o crítica os l9 agradecería, al ser el primero se que podría llegar a redactar mejor así que estoy abierto a todas las críticas.